El 29 de enero de 2014 la industria del videojuego se levantaba con una noticia inusual. Satoru Iwata, por aquel entonces presidente de Nintendo, se bajaba el sueldo a la mitad por los malos resultados económicos de la compañía provocados por el tropiezo de Wii U. La directiva al completo hacía lo propio con entre un 20 y un 30 por ciento de su retribución. Todo ello con la intención de evitar despidos masivos.
Con el mundo de la tecnología y el videojuego viviendo una época en la que los despidos parecen estar a la orden del día, ya sea bajo la excusa de contentar a los inversores como en el caso de Sony, con la de reestructurar puestos tras una fusión como en Microsoft, o con cualquier otro ejemplo reciente provocado por la desaceleración de la economía, parece inevitable preguntarse: ¿Por qué el resto de líderes no hacen como Iwata?
Sin embargo la pregunta lleva también a cuestionarse otras algo más complejas como: ¿Iwata lo hizo por voluntad o fue algo cultural difícil de exportar a otros países? ¿Funcionó a la hora de levantar el desastre provocado por Wii U en Nintendo? Y, probablemente la más importante de todas: ¿Realmente serviría de algo?
Mi opinión es tan transparente como poco trascendental: si sirve para que X familias no tengan que verse afectadas por unos despidos, adelante con ello. Pero doy por hecho que lo que yo pueda pensar importa bien poco, así que vamos a centrarnos en lo que dicen las ciencias económicas y los expertos a la hora de abordar esta difícil cuestión.
En primer lugar toca analizar qué excusas ponen los directivos que no se agarran a esa posibilidad. Qué plantean ante trabajadores y juntas de accionistas para decir que recortar su sueldo no sirve de nada y que, sí o sí, lo que necesita la empresa para salir adelante son los despidos. Tal y como explicaba Chris Williams, anterior vicepresidente de recursos humanos de Microsoft, todo se reduce a tres factores:
El caso de Iwata es el ejemplo perfecto de hasta qué punto la imagen de un CEO puede, y me atrevo a decir que debería, resultar inspiradora. Siempre que nos acordamos del caso de Iwata, también lo hacemos del discurso que pronunció para justificar aquella decisión.
Francamente, es difícil no plantarse ante algo así y no emocionarse con ello: “Si reducimos el número de empleados para obtener mejores resultados financieros a corto plazo, la moral de los empleados disminuirá, y sinceramente dudo que los empleados que temen ser despedidos puedan desarrollar juegos que impresionen a personas de todo el mundo”.
La jugada funcionó en aquél momento, pero no por el recorte salarial de Iwata, sino porque las arcas de Nintendo ya venían de hacer muy buenos números con Wii, y además hubo que esperar relativamente poco hasta la llegada del siguiente intento de la compañía, una Nintendo Switch que rompió todos los récords y le dio la vuelta a la situación tras su lanzamiento en 2017.
Puede que los recortes de Iwata y parte de la directiva, entre ellos Miyamoto, ayudasen a crear un clima más tranquilo entre los trabajadores que debían ayudar a conseguir que remontase el barco, pero en realidad la solución no fue esa por sí misma. Wii U siguió sin funcionar y la estrategia de mercado tuvo que cambiar de forma radical de cara a la siguiente consola para provocar esa evolución. Dicho de otra forma, el recorte del CEO puede ayudar, pero se necesitan más cambios y estrategias que un número en la nómina para revertir una situación complicada.
No hay que olvidar tampoco que en el caso de Satoru Iwata hay algo más que buena voluntad. El peso de la cultura japonesa en situaciones como esta, acudiendo al término hansei para hablar de medidas que persigan reconocer los propios errores y aprender de ellos para mejorar, ser modesto y humilde ante el éxito, y responsabilizarse ante posibles crisis para intentar revertir la situación.
Pero en cualquier caso nada de eso resta peso al hecho de que, frente a las reducciones salariales de altos cargos acompañadas de esos citados cambios y estrategias, la ciencia detrás de la economía certifica que suele ser una buena idea. Según un estudio realizado por la Universidad de Washington, de entre todos los casos estudiados se comprobó que las mejoras en la rentabilidad de las empresas que reducen el salario del CEO son mayores que en otras empresas similares que no recortaron el salario.
Con una media que podía alcanzar una mejora financiera de hasta el 10% tras pasar tres años desde el recorte salarial del CEO, el estudio demostró que, más allá de la salud de la industria en ese momento, las empresas operan de forma más efectiva si se ha producido una jugada como la de Iwata en Nintendo. Ahora queda por ver si las grandes empresas de la industria tecnológica y del videojuego se suman o no a esa corriente de pensamiento.
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La noticia
El presidente de Nintendo se bajó el sueldo a la mitad para evitar los despidos, pero el método Hansei no siempre es la solución
fue publicada originalmente en
3DJuegos
por
Rubén Márquez
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