Cuando Walt Disney llegó a Francia como miembro de la Cruz Roja tras la Primera Guerra Mundial, se enamoró perdidamente de lo que vio en los jardines y estancias de Versalles, así que tras volver allí de vacaciones con su esposa, se empapó de aquella estética rococó para dar vida a los mundos de sus películas. Es fácil encontrar paralelismos entre sus películas y lo que para la aristocracia europea era su pan de cada día, pero a la hora de intentar representar con fidelidad aquél pasado, cometió el peor error de todos, asumir que las princesas eran damiselas en peligro.
Pese a que la sociedad patriarcal de la época pintó una idea equivocada de lo que significaba ser una princesa a través de la literatura y los cuentos, un dibujo erróneo que Disney y sus películas llevaron aún más al extremo, en realidad las princesas de la Edad Media, por lo general, ni eran damiselas ni estaban en peligro. De hecho, resultaron cruciales en la supervivencia de muchos reinos.
A partir de aquí podríamos caer en el error de pensar que su papel se limitaba a ser casadas con casas hermanas para poder aumentar el poder y riqueza del reino, pero lo cierto es que incluso aunque la afirmación no estaría exenta de razón, la historia cuenta con varios ejemplos en los que las princesas rompieron ese voto de homenaje a su padre (una ley destinada a que fuese el rey el que decidiese qué maridos recibirían el control de sus propiedades) para poder casarse por amor incluso con gente que no fuese rica o influyente.
Ejemplos de princesas que se hicieron con el control del reino y comandaron castillos, incluso defendiéndolos de asedios enemigos, también se cuentan por decenas. Dos de los mayores ejemplos están en Isabel I de Castilla o Leonor de Aquitania, que lideraron territorios, comandaron ejércitos o incluso acudieron a las Cruzadas para participar en su lucha.
Gracias a sus múltiples viajes por el mundo, nada de quedarse encerradas en la torre de un castillo, también contamos con ejemplos como el de Margarita de Inglaterra, que para afianzar su posición como duquesa de Brabante aprovechó todo lo aprendido para diseñar, construir y comandar el precioso castillo de Tervuren, en Bruselas.
Gran parte de ese conocimiento que les permitía ser importantes dentro de la corte y la influencia política de los reinos, se apoya también en el hecho de ser ávidas lectoras y escritoras en una época en la que casi nadie, excepto los sacerdotes y un reducido grupo de hombres y mujeres influyentes, sabía leer o escribir. Son sólo algunos ejemplos de que, pese a que estaban lejos de la independencia social y económica actual, las princesas del medievo estaban muy lejos de ser el florero que se pasaba de mano en mano con el que hemos crecido por culpa de las películas de Disney y otras representaciones.
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Lo que las películas Disney no nos contaron sobre las princesas de la Edad Media
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3DJuegos
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Rubén Márquez
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