Si hay un mundo de fantasía que, a pesar de que su autor dejó flecos por cortar, ha encandilado a miles de millones de personas, ese es El Señor de los Anillos. La obra de Tolkien, una que, de haber vivido eternamente, habría confeccionado hasta sus últimas consecuencias, está llena de personajes importantes, eventos magníficos y detalles curiosos. De hecho, su expansión al cine por Peter Jackson hace ya 23 años añadió un poco de sazón a la mezcla con ideas propias en una adaptación que no reniega de la obra original, sino que la expande con astucia en su propio medio. Sin embargo, hay algo que el neozelandés dejó en el tintero para dar unicidad al personaje de Frodo: su espada no debería brillar más que las demás.
Lo sé, hay mucho en El Señor de los Anillos de Peter Jackson que modifica ligeramente el lore original, como la no presencia de Tom Bombadil o la importancia en la historia de Arwen. Pero, como he mencionado, sirven para un propósito: Jackson no quería añadir más a la mezcla para que el espectador no se estrujase el cerebro con tantos personajes, y a los ya presentes en la historia les dio poder en la misma para que nosotros empatizásemos. Aun así, cuando de niño las vi, me vino la pregunta: “¿por qué Dardo brilla y el resto de dagas élficas no?“. La respuesta está en los libros y en las propias películas.
Aunque por el tamaño hablamos de una daga “común” dentro de los Elfos, para Frodo y Bilbo no era sino una espada con todas las de la ley. A ojos, y manos, de los Medianos, una daga común podía ser usada en batalla, aunque esta raza no era mucho de marchar a la guerra. Dardo, en realidad, pertenece a los Gondolindrim, o más bien a sus forjas. Si bien, y como sucede en muchos aspectos de la cronología del británico, no sabemos exactamente el origen, sí conocemos que fue fabricada en Gondolin en algún momento de la Primera Edad.
Bilbo encuentra la daga en la cueva de los Trolls
Que Dardo participase en la Caída de Gondolin es un misterio, y es que desde el momento de su fabricación hasta que Bilbo la encuentra en la Tercera Edad, el viaje de la daga es desconocido. Aun así, Dardo pertenece a un trío de hojas bien conocidas en el lore junto a Glamdring y Orcrist. Ambas, espadas élficas forjadas durante la Primera Edad, sirvieron en batalla y se ganaron el terror de los orcos. La primera, forjada para Turgon, el Rey Elfo de Gondolin, fue luego propiedad de Gandalf, a quien acompañó hasta la misma Puerta Negra. La segunda, perteneció a Thorin y le acompañó hasta su muerte. De hecho, fue colocada sobre su tumba en la Montaña Solitaria, acompañando al “Rey Bajo la Montaña”.
Pero, ¿por qué brillan las tres? Si bien es cierto que la única que brilla en las películas es Dardo, todas ellas lo hacen pues “son obra de herreros élficos en los Días Antiguos”, citó Tolkien, fabricadas con materiales especiales en sus fraguas y capaces de brillar de color azul cuando hay un Orco cerca. En las novelas, tanto la espada de Frodo como la de Gandalf brillaban, así como lo hacía la de Thorin en El Hobbit.
Gandalf con Glamdring
La presencia de ambas en La Comunidad del Anillo servía como “buen augurio” y es que en su travesía por las entrañas de Moria, que no brillasen implicaba que no iban a entrar en batalla en breves. “De las hojas de Dardo y Glamdring no venía ningún reflejo y esto era auspicioso, pues habiendo sido forjadas por Elfos brillaban si había algún Orco husmeando cerca”, se puede leer en El Señor de los Anillos. Incluso eran hojas casi sintientes como bien escribió en El Hobbit: “Ardía con una furia centelleante si había trasgos alrededor, y ahora brillaba como una llama azul por el deleite de haber matado al gran señor de la cueva”.
Ahora, llegamos a la pregunta del millón. Si bien Peter Jackson nunca salió a mencionar que esto sucedía por un motivo aleatorio, se puede entender tanto por las necesidades narrativas como de la propia cinta. Aunque Dardo acaba en manos de Frodo con Bilbo omitiendo que su brillo se debe a que es acero élfico de la Primera Edad, es la única espada, al margen de Anduril, que tiene una presentación y un peso en la trama. Quiero decir, en el ecuador de La Comunidad del Anillo, que su anterior portador se la ceda a Frodo sirve para llevar al espectador de la mano en una transición donde Bilbo se está deshaciendo de su pasado con pena por no haber podido recuperar esa vida aventurera que tanto ansiaba.
Frodo y la Compañía en Moria
Por otro lado, su presencia en pantalla es tremenda. Ver a Frodo en Moria con Dardo brillando y en la cueva de Ella Laraña como fuente de luz y símbolo de valentía de Sam enfatiza la idea del “viaje del héroe”, arquetípica, sí, pero esencial y capital en El Señor de los Anillos. Además, sirve de hilo conductor entre la primera y tercera cinta, con Frodo aceptando ansioso su viaje por querer emular a su tío, antes de las dudas y el miedo que luego le vendrán a la mente; y Aragorn dejando atrás las dudas que siempre le han acompañado y erigiéndose como el heredero de Isildur.
No obstante, esto plantea un problema al mismo nivel narrativo. ¿Todas las espadas que no son Dardo o Anduril son iguales? Gandalf aparece en batalla con una espada que parece acompañarle como el mago errante que es, dejando a la propia Glamdring como una hoja secundaria. Con el mago enfrentando al Balrog con Glamdring en mano, la idea de que una espada poco singular pueda acabar con un demonio —a efectos prácticos, quiero decir—, resta poder a este enemigo.
Thorin con Orcrist
Luego, está la cuestión estética. El Señor de los Anillos no es Star Wars para que el baile de espadas sea un espectáculo visual en sí mismo; y la importancia de Dardo dando unicidad a su portador se escuda en que, quitando Torech Ungol o la espectacular escena en Cirith Ungol, la hoja no batalla más. Con Gandalf dando guerra en Moria, el Abismo de Helm, en Minas Tirith y en la Batalla de Morannon —la Puerta Negra—, habría sido un espectáculo de luces que se opondría a la sobriedad visual y visceral de los combates de Jackson. Se puede hablar de presupuesto, pero creo que es algo puramente estético. Eso o Peter Jackson se olvidó de esa parte en el libro, quién sabe.
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La noticia
El Señor de los Anillos nos engañó dándole aún más protagonismo a Frodo a través del brillo de su espada, pero hay una buena razón para hacerlo
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3DJuegos
por
Alberto Lloria
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