Todas las civilizaciones han tenido su propio Thanos. Una historia de 3.724 años de edad demuestra que ocurrió de verdad

Lo que en los cómics empezó como una forma de impresionar a la personificación de la muerte, en las películas de Avengers terminó convertido en la enésima transformación de un mito que la humanidad conoce muy bien. Thanos quería aniquilar la mitad de la vida en el universo con un chasquido de sus dedos como un acto de misericordia. Un genocidio para evitar la superpoblación y el sufrimiento. El equivalente de las capas y las mallas a un diluvio universal mundialmente conocido.

Absolutamente todas las civilizaciones antiguas que puedan venirte a la cabeza han tenido su propio Thanos. Una figura que, en forma de gran inundación cristiana, una caja de Pandora griega, o un Sol azteca, se ha repetido con el paso de los tiempos para reflejar la necesidad de limpiar y purificar la Tierra. Con la primera de esas catástrofes remontándose a hace 3.724 años, la ciencia y la arqueología cada vez tienen más claro que ocurrió de verdad.

Los otros Thanos de nuestra historia

Las historias sobre cómo una deidad arrasa con la Tierra y la humanidad se cuentan por decenas. En la mitología japonesa está Amaterasu, que se escondió en una cueva privando a la población del Sol y causando una crisis que desencadena todo tipo de desastres. Entre los hindús está la llegada del Kali-iuga que, montando un caballo blanco y blandiendo una espada, matará a toda la humanidad corrupta limpiando el mundo. Y puestos a recopilar eventos catastróficos que purifican nuestra existencia, tanto la Caja de Pandora como el Ragnarok de la mitología nórdica son grandes conocidos de ejemplos similares.

Sin embargo, en todas las historias de mitología hay un denominador común. Noé no fue el único en crear una barca y salvar animales para repoblar la Tierra. Lo de la salvar a la humanidad de lluvias, ríos y mares también lo hizo Nu’u en la mitología hawaiana, Viracocha en la inca, Deucalión en la griega, Nüwa en la china (esta es mi favorita, cuenta cómo el mundo se desbalanceó convirtiéndose en la explicación ancestral a por qué las estrellas se movían en un sentido y los ríos en otro), y hasta la mitología nórdica se valió de las heridas de un gigante para explicar cómo su sangre se convirtió en su particular diluvio universal. Si ves un patrón en todas ellas, es porque efectivamente lo hay.

El patrón se llama Atrahasis, el héroe de un poema del Imperio Acadio, un gran reino de Mesopotamia durante la Edad de Bronce. En las tablillas, propiedad del Museo Británico y con una datación de entre el 1646 y el 1626 a. C., se cuenta cómo los dioses menores se cansaron de trabajar y los superiores sacrificaron a uno de ellos para crear a la humanidad, que a partir de ese punto se ocuparía de ayudar a los rebeldes.

Sin embargo, tras miles de años multiplicándose y provocando cada vez más ruido, los dioses se cansan de ellos y deciden enviar una inundación en la que, alertado del peligro, Atrahasis construye un barco en el que sobrevive junto a su familia y un grupo de animales mientras fuera llueve durante siete días y siete noches. Es la historia más antigua de la que tenemos constancia sobre un diluvio universal enviado por los dioses, pero lo más impresionante de todo es que guarda cierta relación con algo que ocurrió 4.000 años antes, cuando la humanidad se encontraba al borde de la prehistoria y la historia antigua.

El auténtico diluvio universal

Para situarnos un poco, analicemos en qué punto estamos de la historia de la humanidad. Sabemos que para entonces ya dominamos la agricultura y la domesticación de animales, que la humanidad ha crecido hacia los 40 millones de personas, que tenemos medios para llegar hasta Malta y establecernos allí, que sabemos crear vino y queso, y que en Oriente Próximo empieza a dominarse la escritura.

Ese último punto es especialmente importante porque, de una forma u otra, algo ocurrido durante esa época podría haber desencadenado la necesidad de hablar y escribir sobre ello dándolo a conocer a generaciones posteriores a la vez que su historia se expandía por la Tierra. La inundación del Mar Negro alrededor del 5600 a. C. parece el origen de nuestro particular Thanos purificador.

Tal y como establecieron en los 90 los geólogos William Ryan y Walter Pitman, en algún punto del último periodo glacial las capas de hielo se derritieron elevando significativamente el nivel del mar, lo que provocó que grandes cantidades de agua aumentaran la densidad de los océanos y terminase desbordándose por barreras naturales de tierra.

Habiéndose encontrado restos de estructuras arqueológicas, sedimentos marinos, y muestras de un cambio repentino en su salinidad, la teoría asegura que el Mar Mediterráneo terminó superando el Mar Mármara y la actual provincia de Estambul para convertir lo que hasta ese momento era un lago en el actual Mar Negro. Obligando a quienes allí vivían a emigrar hacia otras zonas huyendo de la catástrofe, aquel evento no sólo fue la clave para la propagación de la agricultura y otras tecnologías por Europa y Asia, sino también la historia que miles de años después nos narraría cómo un mutante del planeta Titán reúne unas gemas cósmicas con la intención de chasquear los dedos.

Imagen | Giorgi Balakhadze

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Rubén Márquez

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