Tenía ganas de probar este juego de aventuras a lo Zelda con combates inspirados en Devil May Cry, y el resultado no está nada mal. Análisis de Astor: Blade of the Monolith

Sé que puedo ser un poco pesado con esto, pero vuelvo a repetirlo: los indies están de enhorabuena en este 2024, y otro ejemplo lo encontramos en Astor: Blade of the Monolith. No, desgraciadamente no lleva el sello de recomendado por varios problemas de importancia que luego te comentaré, pero aun así se trata de un videojuego muy interesante y que se plantea un reto mayúsculo que a mí por lo menos me ha fascinado: crear un juego al estilo Zelda con elementos inspirados en grandes del género hack ‘n slash como Devil May Cry.

La propia desarrolladora colombiana C2 Game Studio reconoció estas intenciones, y lo que tenemos es un juego de aventura que puede alcanzar las 20 horas de duración (cifra nada insignificante) y que propone cosas que han llegado a sorprenderme. No alcanza la excelencia en ninguno de sus apartados, pero mientras juegas puedes notar que han intentado acercarse a los valores de los triples A con un proyecto más grande y cuidado de lo que se podría esperar. ¿Su mayor enemigo? La repetición, y es que tanta ambición tenía que romper el saco por algún lado…

Una aventura que imita a grandes del género

Astor: Blade of the Monolith tiene como uno de sus pilares a la narrativa, con una historia muy presente e incluso un narrador que (con voces en inglés, eso sí) nos va acompañando a través de la búsqueda de respuestas por parte de Astor, un joven guerrero que explora las entrañas del planeta Diodek para conocer por qué desapareció una antigua raza. Esa es la premisa principal para llevarnos a través de un buen puñado de localizaciones dentro de un mapa del mundo que se va ampliando a medida que progresamos.

La trama y lo que sucede no te dejará huella, pero al menos es interesante de seguir

El esquema me ha recordado a Xenoblade y otros RPG caracterizados por la exploración y esos marcadores que te indican el siguiente punto al que ir. En este sentido, hay mucha libertad de movimiento, con misiones secundarias y la oportunidad de mejorar tus atributos y habilidades cuanto más tiempo inviertas a explorarlo. Esa es la parte que más adicción me ha generado, más allá de los templos que tienes que explorar e incluso los varios jefes a los que te tocará despachar.

Astor puede aprender nuevos movimientos, pero también mejorar su capacidad de daño e incluso obtener armas y artilugios con los que superar los nuevos retos que se van planteando. No es un RPG que se base en niveles de experiencia, sino que creces de un modo similar a como lo hace Link en Zelda, con cada vez más recursos a tu disposición. Por eso la aventura se hace más interesante cuanto más juegas, aunque tengo que reconocer que la jugabilidad cuenta con varios aspectos cuestionables y que conviene repasar.

El mundo es tan grande que se te ofrece una montura prácticamente desde el inicio

En primer lugar, los combates. No están mal, con un esquema hack ‘n slash que puede ser hasta emocionante cuando todo sale bien. Puedes hacer combos, realizar parrys y esquivar ofensivas en el último momento. Los jefes que se nos presentan no son demasiado originales pero funcionan. Sin embargo, los tipos de enemigos existentes resultan insuficientes y la sensación de repetición aflora ya desde los primeros compases de juego. Además, la IA falla bastante, no te detecta bien y la cámara tampoco es que siga la acción con tino durante la mayor parte del tiempo.

Estas sensaciones se pueden trasladar a las partes de exploración y de mazmorreo, donde todo se siente bastante plano y siempre tienes la extraña sensación de que es algo que ya habías jugado antes. El diseño de juego es genérico, y aunque tiene momentos de lucidez, me han faltado situaciones que emocionen, retos más satisfactorios y también puzles más elaborados. Hay buenas ideas y la base es sólida, pero encima no están esas capas que marcan la diferencia. Una pena.

La dificultad no es demasiado elevada, y puedes seleccionar una opción más asequible

Y digo esto porque en el plano gráfico y sonoro, Astor: Blade of the Monolith se defiende bastante bien, con una presentación cuidada, diseños coloridos y una ambientación que te traslada a un mundo en que te apetece permanecer durante horas. Claro, eso si eres muy aficionado al género como yo y logras superar los aspectos que te he mencionado. Si consigues hacerlo, descubrirás una aventura que probablemente no te marcará, pero que sí te habrá demostrado que hay estudios indie haciendo cosas muy interesantes y que funcionan (incluso cuando se trata de emular a los grandes, como es el caso).

Una aventura interesante

Astor: Blade of the Monolith

Por:
Jesús Bella

Astor: Blade of the Monolith no es una aventura que te vaya a marcar, pero si buscas un juego al estilo Zelda a baja escala y con elementos RPG, esto puede interesarte. Su exploración es más ambiciosa de lo que cabría esperar y los combates resultan sencillos aunque satisfactorios a los mandos. Le ha faltado pulir todas sus facetas y llegar más lejos a la hora de plantear desafíos, con una mayor inventiva, pero dentro de su género es uno de los juegos más atractivos de la actualidad y por ello -siempre que tengas en cuenta sus defectos- podrías darle una oportunidad.

5 cosas que debes saber:

Una aventura que imita a los grandes Zelda en 3D, pero con un poco más de carga RPG.

El mundo es más grande de lo que se podría pensar y propone cosas interesantes.

Combates al estilo hack ‘n slash rápidos y satisfactorios, pero que se desinflan muy rápido.

En lo audiovisual es un juego colorido y agradable, pero también bastante genérico.

El acabado técnico no es el mejor, con algunos errores de importancia.

Jugadores: 1
Idioma: Textos en español y voces en inglés
Duración: 15-20 horas

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Tenía ganas de probar este juego de aventuras a lo Zelda con combates inspirados en Devil May Cry, y el resultado no está nada mal. Análisis de Astor: Blade of the Monolith

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Jesús Bella

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