Salió hace 3 años y fue un mundo abierto detestado por muchos, pero ni de lejos fue horrible. Ahora Biomutant cierra un ciclo en Nintendo Switch con un port sólido

2021 fue un año curioso. Diría extraño, pero quizá el año previo se llevó la palma. Salimos de una pandemia y los grandes desarrollos aún necesitaban tiempo para salir del horno, por lo que los juegos medianos y pequeños ganaron en relevancia. En este contexto, hubo uno que se convirtió en uno de los proyectos más prometedores salidos de un estudio novato y con vistas a llenar el hueco de los grandes: Biomutant. La ópera prima de Experiment 101, un equipo de apenas dos decenas de desarrolladores, comenzó su desarrollo en 2017 con vistas a cocerse a fuego lento por exmiembros de Just Cause, pero una vez llegó al mercado en mayo de 2021, se convirtió en uno de los lanzamientos más vilipendiados del mercado hasta quedar sepultado por sus propias críticas negativas.

Sin embargo, y lejos de querer mirar al pasado con vistas a reivindicar un juego que yo mismo compré de salida para mi PS4 Pro, y que yo mismo no pude recomendar a amigos en su momento, quiero echar la vista atrás para destacar que ni de lejos fue un juego horrible. ¿Víctima del exceso de hype o de su tiempo? Puede ser, pero también perjudicado por unas expectativas altísimas para un estudio novato, que buscó seguir a pies juntillas un mundo abierto de rol bajo los manierismos de los Triple A —diferentes biomas, misiones secundarias a tutiplén, impacto narrativo en el mundo…—. Pero, lo mejor de todo es que ha sido un juego que ha cumplido y que ha cerrado un ciclo con una versión para Nintendo Switch tres años después de su salida y que lejos de exigir la atención positiva que no tuvo en 2021, llega para decir «he cumplido, y con eso me basta».

Ni bueno ni malo, fue correcto aunque sus fallos le pesaron

No puedo odiar a Biomutant, tampoco lo hice en su momento. Pasé en torno a 42 horas en su mundo abierto, a lomos entre su divertidísimo combate y un modo foto que me relajaba sobremanera —en parte por lo bonito de su mundo—, y eso que no era el más avanzado de su clase. Su belleza es hipnotizante, demasiado impactante como para tratarlo con cinismo. Su planteamiento, que mezclaba la estética postapocalíptica de una civilización arquetípica con un planteamiento que incluso con Stellar Blade se ha replicado: un mundo que se ha creado sobre las cenizas de otro y usa, sin conocimiento, elementos de nuestra cotidianidad como armas. Y, aun así, nunca he jugado un juego que se hubiera beneficiado tanto de eliminar por completo todos los diálogos hablados.

Su narrador fue y es preocupantemente insistente. Es curioso porque aunque —desde el lado más personal— odie la narrativa vía archivos de audio o mediante notas, su mundo abierto quizá se podría haber beneficiado de eliminar la incesante voz del narrador. Para un juego tan obsesionado con la fuerza de la naturaleza y el equilibrio de la misma, Biomutant parece temer dejar que su mundo se nos presente sin constante supervisión, y por ello se tornó repetitivo pasadas ciertas horas. Este mundo, con su esplendor visual, merecía la oportunidad de brillar sin ser sofocado por diálogos innecesarios, porque su ambientación fue suficientemente interesante como para dejarnos vagar libres, sin ataduras, por su universo.

Y, aun así, muchos juegos exitosos han sobrevivido a pesar de una mala escritura, y aunque Biomutant no lo hizo para la opinión general, no cayó en el pozo en el que muchos argumentan está. ¿El motivo? Que en su inconsistencia, era divertido de jugar. A veces no necesito más que un control simpático y algo de diversión para salir adelante. Son los placeres culpables, aunque culpable no hay nada si te gusta. Obras como Mafia 3 o The Order: 1886 me han dado eso y no les he pedido más.

En este caso, el combate sobresalía sobre su historia o diseño, lo que fácilmente puede engancharte durante las apenas 14 horas que dura. Había una mezcla extraña, casi como en todo lo que proponía en su conjunto, del estilo de lucha de los Batman: Arkham, basado en el momentum para esquivar o realizar parrys, y la acción hack and slash con la correlación de ataques para cargar habilidades especiales, todas ellas en base a las armas. De hecho, el cómo podías «juguetear» con ellas en combate, con la posibilidad de mezclar ataques elementales y combate a distancia lo hacían interesantísimo. Ni qué decir de su «tiempo bala» y las animaciones de esquive que sacaban pecho del ADN kung-fu del juego. Todo cuando se callaba el narrador y te dejaba degustar el juego.

Una versión de Switch que cierra un círculo

Biomutant no es un mal juego, pero sí uno donde en algún momento alguien debió decir «basta» a la hora de aplicar sus ideas. Correr por su mundo, resolver acertijos simples y recolectar loot puede ser satisfactorio. Momentos como montar en un dispositivo extraño o limpiar a un gato-ogro-mutante gigante atrapado en un derrame de petróleo son encantadores y mantienen el interés. Y con la versión de Nintendo Switch, el juego de los suecos dice adiós.

En este caso, la versión de la híbrida de los japoneses, una que ha elevado las ventas —nada negativas, por cierto— por encima de lo esperado tras vender veinte veces lo previsto en Japón, llega con limitaciones visuales obvias, pero que parecen decir «la versión de Nintendo Switch respeta un juego que en arte, no en poder gráfico, realizaba un esfuerzo encomiable por gustar». En este caso, y como suele ser habitual, tendremos que adaptarnos a un estándar de 30 FPS, con ligeras caídas en el framerate, así como una resolución general y de texturas algo volubles. Aun así, al final del día hablamos de un port sólido desde el punto de vista del rendimiento.

Quizá, los recortes más notables se notan en la teselación del suelo, mínima en esta consola, en los reflejos y una resolución de texturas que se cargan en tiempo real cuando entramos en un área, por lo que genera imágenes «vacías» hasta que carga el entorno. Incluso hay ciertos errores, entiendo que en la «falta» o escasez de memoria virtual, a la hora de hacer el cambio día-noche o en la lluvia, generando estampas extrañas hasta que carga la información necesaria.

ara algunos, Biomutant puede ofrecer diversión durante unos fines de semana, especialmente ahora que puedes jugarlo tumbado en una hamaca. Quizá hay quien pueda encontrar en esta nueva versión un aliciente para jugarlo, y, aunque me repita demasiado, quiero cerrar volviendo al principio: es decepcionante que una premisa tan única y maravillosa no consiguiese despegar, pero jamás fue el desastre que muchos defendieron.

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Salió hace 3 años y fue un mundo abierto detestado por muchos, pero ni de lejos fue horrible. Ahora Biomutant cierra un ciclo en Nintendo Switch con un port sólido

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por
Alberto Lloria

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