El precio del progreso era engancharse al porno y los videojuegos. Este pueblo aislado del Amazonas lo ha descubierto por las malas gracias a Elon Musk

Hasta la llegada de los recolectores de caucho a finales del siglo XIX, la tribu de los Marubo era ajena a lo que ocurría más allá de la selva amazónica brasileña. Desde entonces la lucha entre tradición y progreso se ha mantenido bajo control. En apenas siete meses, la llegada de internet a sus vidas ha puesto en jaque la preservación de su cultura, y algo más.

Con jóvenes que poco a poco se animan a abandonar la selva para buscar otro tipo de vida y vuelven con historias que encandilan al resto, la llegada de varias antenas de Starlink, el servicio de conexión a la red de bajo coste de Elon Musk, no fue un dardo envenenado de la cultura moderna, sino una petición expresa de un pueblo que, lamentablemente, no contaba con el giro que podía terminar aportando a sus vidas.

Cómo internet ha transformado a una tribu aislada del Amazonas

Influenciados por el progreso, cambiaron los arcos por rifles para cazar, los viajes en canoa que duraban semanas por motores que los han transformado en días, y ahora pretendían hacer lo propio para saltar de los mensajes por radio de onda corta que iban saltando de una tribu a otra, a un internet capaz de pedir ayuda en cuestión de segundos.

Pese a los problemas generados, reconocen que internet ya ha salvado varias vidas al poder alertar a los servicios de emergencia de las picaduras de serpientes venenosas que antes resultaban fatales. Pero también reconocen que esa ventana al mundo exterior puede traerles el fin por otras vías. Tal y como reconocían algunos miembros de la tribu en declaraciones a The New York Times, «en la aldea, si no cazas, pescas o plantas, no comes». Pero internet ha cambiado sus rutinas por completo.

Las normas de la tribu establecen desconexiones constantes que terminan dejando los domingos como el único día en el que pueden conectarse a internet durante toda la jornada, pero las redes sociales, los videojuegos y el porno se han convertido en la contrapartida de una puerta hacia el progreso que debía conectar tribus, facilitar la educación a distancia, y monetizar una cultura que ahora prácticamente dan por perdida.

Lo que hace unos meses suponía rechazar besos en público por tradición, ahora son jóvenes mostrando comportamientos sexuales más agresivos, menores chateando con adultos extranjeros, y videojuegos violentos entre niños con acceso a armas de caza desde una edad temprana. Una olla a presión a punto de estallar que, según el jefe de la tribu, ya fue augurada por un antiguo chamán.

Asegura que hace décadas tuvo la visión de un aparato que «sería para el bien del pueblo, pero al final no resultaría serlo. Al final, habría guerra». Su hijo, en cualquier caso, cree que internet ha traído más beneficios que daños. «Al menos por ahora», puntualiza.

Imagen | Índios Marubo

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Rubén Márquez

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