Los videojuegos sufren, pero una compañía demuestra que hay esperanza. Entre despidos y falta de creatividad, Capcom baila desnuda a la luz de la luna

No hace falta que imaginemos el panorama, porque ya estamos en él. 2023 ya fue duro y 2024 va a seguir conformándose como un año aún más difícil para la industria del videojuego, al sufrir la resaca de los excesos de la pandemia. De la pandemia, pero también de los ejecutivos que prefieren dar cuatro pasos atrás, apostar por lo seguro y despedir a un gran número de trabajadores en el proceso en vez de encontrar nuevas formas creativas de hacerse un hueco en esta industria.

Porque esta pequeña o gran crisis, como queramos llamarla, que está viviendo la industria, no solo se va a cobrar a un buen puñado de talento. También lo hará en creatividad. El dinero es miedoso de las apuestas arriesgadas, de las nuevas IPs y de todo aquello que no sea seguro que puede funcionar. Me desmotiva un poco, no os voy a engañar, pues mi forma de contemplar esta industria sigue siendo la que tenía cuando era un niño: crecer junto a ella y descubrir que sí, todavía puede seguir sorprendiendo. Pero si no se apuesta por eso, si no se cree tan siquiera que es posible, entonces veremos cada vez más videojuego estereotipado, que repite los patrones de sus antecesores por temor a no ser aceptado.

Aquí debería ir, claro está, ese clásico párrafo de «menos mal que tenemos a los indies». Y sí, menos mal, aunque últimamente el conservadurismo también ha hecho mella en el juego independiente, y prueba de ello es la cantidad de metroidvanias, roguelikes y deck-builders que pueblan las tiendas digitales. Pero es que no quiero abandonar el terreno de la superproducción. Ni siquiera de la corporación. Aunque tengamos ejemplos de «autores» como Larian o Kojima Productions que hacen lo que les da la gana porque no dependen tanto de los accionistas, hay una compañía que sí lo hace y, aun así, está todavía más loca que estos grandes creadores: Capcom.

Capcom no ha prescindido de nadie en esta etapa de despidos masivos que vive la industria. Es más, se ha permitido volver a incrementar los salarios de sus empleados un 5% y de los nuevos contratos que haga un 28%. El total de estas mejoras en los últimos dos años ha generado un 30% de aumento medio en los salarios de sus trabajadores, además de un bonus vinculado a los beneficios de la empresa.

Juegos impensables para la época conservadora en la que estamos

Pero no solo es el equipo humano: observemos sus juegos. Por cada éxito prácticamente asegurado de sus Resident Evil o Monster Hunter, Capcom sigue nutriendo su catálogo de juegos que cualquier ejecutivo actual cancelaría en el estado actual de la industria. Lanzó un hack and slash como Devil May Cry 5 en 2019. No se ha olvidado nunca de su serie Ace Attorney e incluso ha recuperado joyas olvidadas como Ghost Trick. Ha recuperado la confianza de los aficionados con Street Fighter 6 y hasta le dio por hacer un nuevo Ghost ‘n’ Goblins.

Se podría argumentar que esto no son juegos post-pandemia y que, por lo tanto, era otra situación. Muy bien: veamos su catálogo actual. Como dije en su análisis, Dragon’s Dogma II sigue siendo un juego maravillosamente raro, que no por ser ahora más reconocido ha querido ser más accesible. Pragmata es una nueva IP que está sufriendo retrasos por reiniciar su concepto, pero que en teoría sigue viva y tiene un planteamiento igual de raro pero en el campo de la ciencia-ficción. Y, por supuesto, no nos olvidemos de su obra más improbable: Kunitsu-Gami: Path of the Goddess.

Este es el ejemplo que más me gusta. Todavía tengo que consultar el nombre de lo extraño que es. ¿Qué compañía grande en su sano juicio sería capaz de lanzar un título tan de nicho como este? ¿Dotarlo de un arte maravilloso y especial? ¿De un diseño de juego y puesta en escena que recuerda a la bonita época de juegos japoneses de PlayStation 2? Capcom. Solo Capcom.

No dudo de que, probablemente, sus grandes sagas pagan las facturas de los demás. Y de que en la cúpula de la compañía estén preocupados por la situación como todo el mundo. Pero, mirando sus juegos, no lo parece en absoluto. Y creo que esto es porque, aunque sea una «corporación», en Capcom siguen amando hacer juegos desde los puestos más altos de la compañía. El productor de Dragon’s Dogma 2 decía que le flipaba este proyecto porque le daba mucha nostalgia de recordar a sus aventuras en el bosque cuando era un chaval. Así que supongo que fomentó eso en vez de decirle a Itsuno que metiera más coleccionables y posibilidades de juego como servicio.

Incluso en sus épocas más convulsas, cuando abusaba de los DLCs y otras malas prácticas, no dejaron de sacar juegos con personalidad, salieran mejor o peor: Lost Planet, Dead Rising, Zack & Wiki, Haunting Ground, Asura’s Wrath, God Hand, Shadow of Rome… Ahora, con su nuevo RE Engine, que significa Reach to the Moon, no tengo duda de que, al menos, podemos mirar a esta compañía entre todas las malas noticias de la industria y pensar: al menos tenemos a Capcom. Que sigan bailando desnudos a la luz de la luna.

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Los videojuegos sufren, pero una compañía demuestra que hay esperanza. Entre despidos y falta de creatividad, Capcom baila desnuda a la luz de la luna

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Alejandro Pascual

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